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En el encuentro anterior hicimos referencia al trabajo emprendido en normas y valores a través de la combinación equilibrada de exigencia y disponibilidad.
Vemos necesario reflexionar sobre ese óptimo equilibrio, que en este caso el docente debe encarnar, desde el lugar de la búsqueda de la propia autonomía.
Es decir, el docente que decida trabajar en torno a esta propuesta de intervención, se encontrará constantemente movilizado, desafiado y acuciado por ese péndulo que se balancea entre exijo- acompaño- libero.
Nuestra experiencia como docentes y padres nos dice que, como en muchos otros casos, es más fácil decir que hacer. Y que como educadores debemos estar preparados para reconocernos en continuo aprendizaje y darle un valor especial y privilegiado a la experiencia sostenida en una fuerte base valorativa.
Por eso es que insistimos en la importancia de emprender estos proyectos en un equipo y con el soporte institucional, ya que si bien la tarea que pueda realizar un docente en el aula es sumamente valiosa, corre el riesgo de perder objetividad, empuje, entusiasmo, encuadre; si no es acompañada desde un abordaje institucional.
No nos olvidemos por otra parte, que la propuesta no es cruzar los contenidos referidos a normas y valores, en forma esporádica, alternativa y espontánea, sino por el contrario, seleccionarlos, sistematizarlos, graduarlos, elaborarlos como propuestas didácticas acordes con la edad, la realidad socio-cultural y plantearlos a través de situaciones problemáticas organizadas y pautadas en tiempo y espacio.
Este interjuego entre exigencia-disponibilidad al cual nos referimos nos lleva a devenir en otros temas como:
• Exigencia. • Esfuerzo. • Disciplina.
"Sólo es posible para ¡apersona alcanzar grados suficientes de madurez y felicidad, si desarrolla unos hábitos de esfuerzo, disciplina y voluntad. Y para lograrlo es necesario que desde muy pequeños vayan haciendo todo aquello que deben y pueden, aunque no les guste." Javier Escorza Subero.
Y aquí quizás nos encontremos en el punto más álgido de nuestra propuesta. Variadas y múltiples contradicciones se nos pueden presentar frente a tal afirmación.
En muchos casos, nuestra historia nos dice que hemos sido educados de esa manera: los niños de nuestra generación colaboraban en sus casas, ayudaban a sus padres en las tareas dentro y fuera del hogar, nos hacíamos responsables del cuidado de nuestras pertenencias y en muchos casos de las de nuestros hermanos menores, resolvíamos situaciones, trabajábamos desde muy temprana edad, más allá de la condición económica y social de la familia a la que pertenecíamos...
Sin embargo, parece haber una ruptura entre nuestra educación desde el lugar del aprendizaje y nuestra función de educadores en la actualidad.
La convicción de haber sido mal educados al no haber respetado nuestra libertad y habernos forzado a hacernos cargo de responsabilidades, para las que quizás no estábamos preparados, nos llevó a detenernos en el papel de hijos, alumnos, y perder la noción que el tiempo y la vida seguían transcurriendo y que esos educandos que éramos ayer estábamos educando a otros hijos, alumnos hoy.
Este miedo a ser tan malos como los que nos educaron a nosotros nos paralizó y no logramos hacernos cargo completa y definitivamente de nuestra función de educar hoy.
Los cambios vertiginosos de la sociedad no nos han dado tiempo de acomodarnos.
Detenidos, paralizados, el mundo cambia y convencidos de que el viejo modelo no es bueno, es momento de plantear otro distinto.
"Como niños en el bosque, estamos perdidos, extraviados. Existen los valores, están los caminos, pero nos falta el mapa." Jaime Barylko.
Y ya que las nuevas generaciones no pueden esperar más, alguien tendrá que resignarse a ser adulto y hacerse cargo de la formación.
Y los docentes de EGB no están ajenos.
Hay que trabajar y amar, por lo tanto hay que sacrificar.
Por eso es importante que comencemos a trabajar con niños de EGB con un nuevo modelo.
La sociedad actual les va a pedir que se adapten a constantes cambios y puedan permanecer a pesar del vértigo de la velocidad del mundo dinámico.
Nos planteamos como educadores qué soportes duraderos y confiables podemos ofrecerles para que puedan apoyarse y no caer. Qué actitudes frente a este desafío de la vida deben construir. Hoy en día se publicitan y pregonan las conductas facilistas. Es más, cuanto más rápido y más fácil se pueda lograr algo, mejor. Es valioso lo que no demanda ningún esfuerzo, es de "piola" lograr el mejor resultado poniendo lo menos posible de trabajo en ello.
De aquí surge entonces la necesidad de "zafar", de tratar de hacer lo menos posible para llegar a la meta, para lograr lo deseado, para cumplir con el trabajo o los objetivos planteados.
Entonces los chicos ya no se detienen a estudiar porque creen que no sirve para nada y que tal vez con lo que escucharon en alguna clase basta para pasar la prueba; porque estudiar es aburrido y lo importante es lo que divierte, porque para qué estudiar algo que no les va a servir para su juego de computadora o para estar a la moda.
Como maestros muchas veces no exigimos a nuestros alumnos pensando que nos vamos a ganar su antipatía o descreyendo de sus posibilidades, pensando que algo va a ser demasiado difícil para ellos.
En ocasiones también los apañamos: los "estudié pero no me acuerdo", "lo leí pero no me sale", "no pude hacer el trabajo porque no tenía el libro que se lo presté a Juan", "María no me prestó el apunte para poder estudiar", "en mi casa no tengo ningún libro que tenga biografías de músicos", y mil ejemplos más que escuchamos a diario.
Debemos darles la oportunidad de acrecentar sus posibilidades, de ejercitarse en la necesidad de poner lo mejor de ellos para salir adelante en aquello que desean o que deben cumplir. Nosotras pensamos que educar la voluntad de los niños a través del desarrollo de hábitos basados en el esfuerzo y la disciplina se presenta como una alternativa válida. •
Y para eso es importante que los niños aprendan a obedecer, aunque no les guste. Sin límites no se puede construir la libertad, ya que careceríamos de un marco para movernos y sería igual al caos, la desorientación.
Enmarcados dentro de la libertad responsable, en busca de la conquista cotidiana de la autonomía, para esta etapa de formación, podemos enunciar lo que esperamos de los chicos:
• Que puedan escuchar las razones que fundamentan las normas que deben cumplir. • Que puedan fundamentar su rechazo. • Que puedan dialogar con su educador. • Pero que llegado el caso obedezcan aunque no estén de acuerdo.
Sabemos todos los interrogantes que despierta esta propuesta. Es sin duda, un camino a construir. No tenemos recetas, sólo algunas ideas, otras experiencias y la convicción que podemos intentar algo mejor basado en el respeto y la vocación de ser personas.
En este mundo del eterno presente, en donde lo valioso del ya y de las cosas han desdibujado el valor del esfuerzo, somos conscientes que esta alternativa es estar fuera de moda.
Pedirle a los niños de hoy que se esfuercen por conseguir aquello que desean en sucesivas etapas, que le demandan trabajo y sacrificio para lograr lo que desean, es una tarea ambiciosa.
Plantear situaciones en las que se hace necesario esforzarse a diario por lo que amamos y deseamos, será por lo tanto función del docente.
Les ofrecemos entonces, una historia para trabajar este tema en las aulas:
"Marcela es una niña de cabellos largos que todas las mañanas se peina una cola de caballo para ir a la escuela. Va a cuarto grado todos los días a la mañana , en una escuela que queda cerca de su casa y a la cual la acompañan su mamá y su hermano menor.
Su maestra se llama Nora y la saluda a la hora de la entrada con una afectuoso beso, ella se coloca en la fila y saluda a sus compañeras que la esperan todos los días para leer las revistas de cantantes de última moda e intercambiar información sobre ellos.
Al entrar al aula, mientras se acomodan todos los chicos en sus bancos, la maestra recuerda que ese día entregará los resultados de la prueba de matemática. Marcela está segura que le fue bien porque lo que tomaban ya lo sabía y ni siquiera había tenido necesidad de estudiar el día anterior y lo había pasado dibujando en su agenda y recortando fotos del galán de la telenovela de la tarde para su amiga Viviana que ese día no había podido irse con ella porque debía estudiar. Cuando su mamá le pidió que estudiara tomó su carpeta y miró los ejercicios. Eran muy fáciles, no hacía falta que los repasara, seguramente se iba acordar o la maestra la iba a ayudar. A lo mejor si se lo pedían ni tomaba la prueba. Además su maestra le había dicho muchas veces que era muy inteligente.
Colocando la fecha en el pizarrón comienzan las actividades del día y al finalizar la hora, antes de salir al recreo, la señorita Nora anuncia que es la hora de entregar las pruebas.
A medida que va nombrando a los chicos entrega las hojas con las correcciones a cada uno de ellos. Cuando la nombra a Viviana, su compañera de banco y mejor amiga, Marcela le pregunta cuánto se sacó y ella responde "un nueve". Enseguida la señorita nombra a Marcela que va en busca de su prueba. Al ver que se sacó un cuatro se pone muy triste y piensa que a ella también le hubiera gustado sacarse un nueve."
Después de leída esta historia, u otra que a vos se te ocurra para trabajar este tema, se pueden realizar algunas preguntas para guiar la reflexión. Te damos algunas de ejemplo:
- ¿Ustedes, qué piensan acerca de esto? - ¿Les pasó alguna vez? - ¿Qué le molestó a Marcela? - ¿Qué tendría que haber hecho para lograr lo que quería?
Esto es un ejemplo a partir del cual seguramente podrás elaborar otros que tengan que ver con tus necesidades y tu realidad para trabajar en el aula con los chicos.
Nosotras creemos en la necesidad de educar a los chicos en la exigencia y en la disciplina para que puedan lograr sus metas, para que puedan engendrar un proyecto de vida y no se dejen llevar por los vientos reinantes en cada momento.
Pero para ello nos necesitan. Es por eso que hablamos de disponibilidad. Ellos también piden que nosotros estemos junto a ellos y nos comprometamos, pongamos nuestro esfuerzo, que seamos referentes confiables para ellos, en estos tiempos de desesperanza, tiempos de vivir el presente sin más expectativas que acumular momentos placenteros. .
Entonces, para finalizar queremos compartir con vos una reflexión que hace Julio César Labaké en su libro "Es posible educar", a propósito del rol del maestro:
“Se puede ser buen carpintero o un ingeniero electromecánico... y no amar verdaderamente la vida. Pero educar, acompañar y promover el proceso de madurar para la vida, sin amar la vida, es intrínsecamente un contrasentido. Se puede enseñar ciencias o adiestrar en habilidades. Pero educar, adentrar en la importancia de vivir plenamente, con el esfuerzo que al comienzo del camino parecen desmesuradamente amplificados (aunque después se comprenda que son menos costosos que vivir sin rumbo), es imposible.”
Por Mariana Damonte y Laura Hreñú de Coscio Extraído de revista “La Obra” nº 947 pág 76 |