Educar en valores Correo
Profesionales Escolares

Una propuesta de intervención educativa.

Retomando nuestros encuentros mensuales, comenzaremos a trabajar sobre los contenidos previstos: ser humano, formar personas, libertad y responsabilidad.
Savater nos interpreta y enuncia: "el hombre nace potencialmente humano". Es decir, completarse como humano es una conquista en la cual no se encuentra solo, sino que los otros colaboran en su formación a través de la educación.
El hombre, a diferencia de otros seres vivos, no nace determinado, es decir, que podrá contar toda la vida con sus posibilidades humanas latentes, o bien desarrollarlas y trabajarlas al máximo con el fin de ser persona.

Reconocemos que nacemos condicionados: genéticamente, socialmente, culturalmente, hasta el clima influye en nuestras elecciones de vida. Sin embargo, y no sin un gran peso, somos libres para elegir qué hacer con esas condiciones.
Libertad condicionada, dice Barylko. Porque no podemos pensar en libertad, sin que inmediatamente surja una palabra desusada, desprestigiada, devaluada: Responsabilidad.
La responsabilidad nos obliga a responder por aquello que elegimos. Sartre decía que el hombre está condenado a ser libre. Aunque no desee elegir, en la abstención está su elección. Y agrega que el hombre en sus elecciones compromete a toda la humanidad.
La libertad también se aprende, a través de las experiencias, conociendo la realidad, accionando sobre ella. Por supuesto, primero los chicos estarán bajo la mirada, la autoridad -de sus padres o docentes-, momento en el que deberán asumir y respetar ciertos valores y normas sin comprenderlas todavía, para que a medida que vayan creciendo también se vaya acrecentando gradualmente su capacidad de discernir, formular análisis, tomar decisiones fundadas.
Pero el camino hacia ser persona está plagado de elecciones con su consecuente decisión y el deber de tener que responder frente a ésta.
Nuestra función como docentes es enseñar a ser personas íntegras. De allí que la personalización sea el fin de la educación. Es decir, el desarrollo de aquellas posibilidades humanas hacia el mayor bienestar o estado de perfección posible de alcanzar.


"La educación es el acuñamiento efectivo de lo humano, allí donde sólo existe como posibilidad. " (Savater, 1997.)


Así construirá una identidad personal irrepetible. Igual en lo humano a todos los hombres, distinta en lo personal, en su forma particular y única de organizar esas características humanas, producto de su encuentro con los otros y con su propia naturaleza.
Esa educación que busca llevar al hombre a alcanzar su máxima concreción tiene características distintivas: sabemos que se inicia en el momento mismo en el que comienza la vida pero también sabemos que no termina, que es permanente y que involucra a cada parte de nuestro ser en forma dinámica, en constante cambio y en intercambio con los otros, que nos educan y de los cuales aprendemos.
Y en este camino la educación se presenta como la posibilidad de luchar contra la fatalidad, los condicionamientos internos, sociales, económicos, la posibilidad de ser a pesar de...
La elección que hemos hecho como docentes, conlleva la consecuencia inmediata de ser responsables de la enseñanza de las nuevas generaciones. Nuestro pasado está plagado de errores y culpas que durante años hemos logrado analizar pero no mejorar. La respuesta que hemos dado durante los últimos tiempos, por temor a ser autoritarios, ha sido una libertad sin responsabilidad, es decir, incompleta. Lejos de promover la independencia, nos hace cada vez más esclavos.
El camino hacia la autonomía es un trabjo. Un trabajo para toda la vida y hay que estar dispuestos en la sociedad que confórmanos, a invertir en un plazo tan extenso, complejo y sin ninguna garantía de éxito.
Y si hablamos de trabajo no podemos olvidar que si bien el trabajo puede (y debería) ser placentero, altamente gratificante, tiene exigencias. Entendemos por exigencia a la presión (no opresión) que se ejerce hacia la consecución de un fin determinado.


"Sin disciplina y sin rigor, ni a los pájaros ¡es crecen alas."(Jaime Barylko, 1999.)

Esta  exigencia  pierde  sentido  si  no es empañada por la disponibilidad. Llamamos disponibilidad a la presencia actuante de otro que sostiene con su hacer (mirar, hablar, escuchar, etc.) la formación de una persona.
Por eso, si combinamos exigencia y disponibilidad en la medida justa podremos conseguir, o al menos intentar, que el otro crezca dentro de un marco normativo y ha-determinados valores, en un clima afectivo y riguroso que le permita desarrollarse consciente de sus derechos, pero también de sus deberes.
Esta presencia que exige pero a la vez está dispuesta a acompañar y a encuadrar puede y debe, también, ser el maestro.
Pensar que sólo es tarea de la familia sería empobrecer nuestra función. Pensar que nuestro hacer educativo puede desentenderse del sujeto valorante que somos es no reconocernos como ser integral, bio-psico-axio-social.
La escuela hoy se plantea hasta dónde de-cubrir la función que debe desempeñar la familia. Reconocemos el hecho de que las familias opten por quedarse a un lado en cuanto a su tarea educadora. En una sociedad que privilegia la conducta adolescente eterna, educar como adulto responsable pareciera estar fuera de moda y no tener valor.
Sin embargo, como dice Savater, en las familias alguien tiene que resignarse a ser adulto. Alguien tiene que ofrecerse como montaña para que el viento sople.
Es la única manera en que los chicos pueden construir su autonomía, siguiendo un camino claro, de límites marcados, nada crece de la nada. Todos necesitamos un marco claro para poder crecer, que nos muestre qué podemos y qué no podemos hacer, quiénes somos.
Atenerse a los límites es una garantía. Los límites encauzan la vida.
Los niños, los jóvenes tienen derecho a ser torbellino, en la medida que un adulto pueda sostenerse erguido.
Los docentes no podemos continuar pensando que toda a culpa es de las familias.
Muchas veces detrás de este concepto, tal vez demasiado arraigado en las escuelas, dejamos de hacer lo que nos corresponde esperando que las familias lo hagan primero. Y de esta manera vamos delegando unos en otros sin animarnos a tomar partido y a hacernos responsables.
Como educadores debemos enseñarles a los chicos a vivir progresivos compromisos. En la casa puede ser ordenar su propia habitación, poner o levantar la mesa, saludar; en la escuela será cumplir con sus tareas, tener a cargo determinadas tareas como darles de comer a los animales que puedan tener en el aula, ordenar los libros, devolver a la biblioteca los mapas luego de ser utilizados, etc.
Los chicos de la posmodernidad, como son los nuestros, necesitan causas para vivir, en este mundo donde no se le da valor a nada, lo más importante es el presente. Necesitan que nosotros los proveamos de experiencias, que al ser revisadas y ordenadas en la adolescencia, les permitan construir su personalidad.
La adolescencia es el momento de la rebelión y de la búsqueda de los valores y límites propios, dejando atrás los de la niñez. Pero, ¿cómo podrá ser esto posible si no hemos ofrecido contenido para esta rebelión?
Muchas veces no exigimos a los chicos por miedo a sus reacciones, por temor a que no nos quietan, o porque es un trabajo muy pesado. Las clases son muy numerosas, los sueldos muy bajos, nuestra profesión está desprestigiada y entonces "cumplimos" con lo estrictamente necesario; puede suceder que no veamos los cuadernos todos los días, que propongamos trabajos que luego no miramos, que estemos ocupadas con los "chicos que dan problemas" ya que los otros "son tranquilos" y no necesitan que les estemos encima, que no podamos poner límites ni hacer cumplir las normas, que tratemos de hacer lo que a los chicos les gusta o sólo lo que a ellos les interesa.
Y, por otro lado, tenemos a "nuestros alumnos" que no quieren estudiar, que no pueden cumplir con encargos o con sus tareas, que nos faltan el respeto, que se faltan el respeto, que son agresivos y a veces destructivos, que pasan su tiempo frente a la televisión o los juegos computarizados, que no pueden esperar y que proclaman la validez del "todo ahora", que piensan que el esfuerzo no vale la pena que lo que vale es "zafar", que lo más importante es divertirse y pasarla bien, que miran a través de los ojos de la tevé.
El panorama no es alentador. Pero la educación se basa en la esperanza. Si pensáramos que algo mejor no es posible, que las cosas no se pueden cambiar, no estaríamos haciendo lo que estamos haciendo. Los educadores somos optimistas.
Ser un buen observador y alertar a la sociedad sobre los cambios que pueden resultar negativos no nos exime de la responsabilidad que como docentes tenemos. Hemos elegido haciendo uso de nuestra libertad, ser maestros. Pues ahora debemos ser capaces de responder.
Esta sociedad tan vapuleada y que criticamos como si nos fuera ajena, la hacemos entre todos. Es responsabilidad de todos. Seguramente los que nos precedieron no lo hicieron del todo bien. Ahora es nuestro turno. El turno de hacer para otros.


¿Qué exigimos de nuestros alumnos? Deberíamos exigir lo que enseñamos...


La pregunta que deberíamos hacernos es:

¿Qué enseñamos en lo que respecta a normas y valores?
¿Brindamos espacios para la reflexión?
¿Intervenimos en aquellas situaciones que pueden representar un espacio propicio para el tratamiento de normas y valores?
¿Acompañamos con nuestra presencia comprometida aquello que exigimos?
¿Explicamos lo que exigimos?
¿Ofrecemos razones para que sea comprendida la norma?
¿Nos esforzamos para que se cumpla lo acordado? ¿Lo respetamos nosotros?


Desde un caso práctico, les ofrecemos una propuesta de intervención a través de lo que llamamos Historias.
Utilizamos las historias con el fin de acercarnos a la realidad infantil, no a la fantasía. Por eso no contamos cuentos, sino historias.


Estas historias deben contar con las siguientes condiciones:

*  Que sus protagonistas sean personas significativas en la vida del niño y de su entorno cultural. Naturales, de la vida cotidiana de los chicos.

* Que sean breves, claras y sencillas pero ricas en imágenes que le permita al niño una mejor comprensión del planteo.

*  Que describan la situación, pero que no emitan un juicio de valor, sino que simplemente planteen el problema.

*  Que tengan un final abierto, con diferentes y variadas posibles soluciones.


Les ofrecemos una historia a modo de ejemplo teniendo en cuenta que los mejores autores de historias para trabajar con sus alumnos son sus docentes, expertos y conocedores de la realidad sobre la que se quiere intervenir.


Ésta es la historia que te proponemos como ejemplo para leer a tus alumnos y luego realizar una serie de preguntas para motivar de esta manera, la reflexión. Antes de realizar las preguntas de reflexión te recomendamos realizar algunas de reconstrucción de la historia de manera de asegurarte que fue bien comprendida.


"Una mañana, en la escuela, la maestra leI contó a los chicos que comenzarían a estudiar las características y hábitos de los mamíferos y  empezó preguntando qué eran, qué conocían los chicos acerca de ellos, etc. Entonces Marieta  le contó, a ella y a sus compañeros, que hacía  poquito tiempo había recibido de regalo una  cacborríta a la que había llamado Pelusa.
Los chicos se entusiasmaron y le hicieron  muchas preguntas a Maríela, incluso si podían ir a conocerla.
Silvina, la maestra, intervino entonces en la conversación y le dijo a Afánela que podía lle:arla a la escuela, e informó a todos los chicos que un perrito tan chiquito necesita de muchos  cuidados, entre ellos el cuidar que no se escape, ya que no podría andar por la escuela solo.
Dialogaron sobre la idea y acordaron entre todos  cómo cuidarían a Pelusa. A la maestra lei preocupaba que se escapara y anduviera por la escuela, entonces establecieron mantener la puerta del aula cerrada y que cuando alguien tuviera necesidad de salir pondría especial atención en volverla a cerrar. Silvina registró lo conversado. Un día viernes Pelusa fue llevada a la escuela, al grado de Maríela, con la intención de dejarla una hora allí.
La maestra volvió a conversar sobre lo acordado y todos estuvieron de acuerdo.
Pero cuando salieron corriendo del aula jorque sonó el timbre del recreo alguien olvidó la puerta abierta y Pelusa salió.
Luego de buscarla por la escuela la encongaron en la sala de educación física mordisqueando una colchoneta.
La maestra y los chicos reflexionaron sobre lo sucedido."


Preguntas:
* ¿Qué diferencia a Pelusa de la maestra y los chicos?
* ¿Son ellos responsables de lo sucedido?
* ¿Hubo intención de lastimar o dejar escapar a Pelusa?
*¿Merecen una sanción? ¿Cuál?
*¿Cómo se habrá sentido Mariela ante lo sucedido?
*¿Por qué no incluyeron a Pelusa en la reflexión?


Historias como ésta pueden ser tomadas, dos o tres, y leídas de a una cada quince días, un mes o el tiempo que vos creas pertinente. Cada vez que sean leídas se motiva la reflexión y se registra lo que los chicos dicen. Tratemos, con preguntas, sin emitir nuestra opinión, que ellos vayan pensando acerca de estas situaciones y de otras de la vida diaria que se asemejen. De esta manera construiremos un nuevo espacio y un nuevo hábito. Un tiempo para pensar sobre nosotros mismos, nuestras acciones. Un tiempo para detenernos en el medio de la vorágine, de la velocidad de este mundo.


Te proponemos intentar un momento de silencio y de diálogo a la vez. Un momento en el que dejamos de lado todo lo que nos rodea para pensar en nosotros mismos y para abrirnos al otro, para escuchar y ser escuchados.


"Por ello, vamos a intentar este camino.
Y lo haremos paso a paso, aunque pudiese parecer lento y lejano su comienzo.
Pero siempre es así en las cosas fuertes de la vida.
Una pequeña simiente.
La oscuridad de la siembra.
La esperanza fecunda del riego y los cuidados y los abonos... hasta que apunta el primer brote...
Y la planta.
Y el fruto...
Eso que todavía no estaba cuando empezamos la tarea."
Julio César Labaké: Es Posible Educar.


Hay mucho por hacer. Comencemos hoy.


Por Mariana Damonte y Laura Hereñú de Coscio
Extraído de revista “La Obra” nº: 946 página 76

 
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