No miremos para otro lado
Experiencias de Aula

PLANTEO DEL PROBLEMA.
Desde nuestro lugar de educadores o de padres, varias veces nos preguntamos por qué durante y al terminar la escuela básica, muchos niños y jóvenes se encuentran tristes, desorientados, desorganizados: por qué su adolescencia parece extenderse más allá de lo evolutivamente esperado, al punto que les cuesta tanto asumir responsabilidades, tomar decisiones y encontrar modos de comunicación que no sean violentos. Nos preguntamos también por qué untos niños, jóvenes y adultos nos sentimos envueltos en una abrumadora desazón que tiñe toda la existencia humana de estos años.

No miremos para otro lado | Experiencias de Aula

Es para todos evidente que esta realidad que hoy nos toca vivir se ha instalado en nuestros colegios y entorpece la dinámica de la enseñanza y el aprendizaje.
Entonces, nos preguntamos una y otra vez qué hacer. Los docentes destacan, por un lado, su preocupación por el tema disciplinario y la dificultad para marcar los límites. Por otro, su desasosiego por el permanente desinterés que viven los niños y los jóvenes, que se evidencia en su tarea cotidiana, y su desazón por no hallar caminos lógicos de resolución. En la escuela los docentes hacen responsables a la familia; la familia, por su parte, hace responsables a los docentes. ¿Quién es el responsable? ¿Realmente podemos hacer algo? ¿En qué medida somos causantes -los adultos- de esta situación? ¿Estamos haciendo algo mal? ¿Estamos dejando de hacer algo? ¿Qué hacemos desde nuestros hogares? ¿Qué hace la escuela? Hasta ayer, todo parecía estar más claro: la familia tenía ciertas responsabilidades y la escuela, otras. Nuestros abuelos, en su juventud, no vieron dudas de que el mundo en el que vivirían sus hijos será mejor y más justo y que el progreso beneficiaría e igualaría a todos en un sin fin de posibilidades. Tenían claros sus objetivos, sabían para qué luchar y qué valores sustentaban sus vidas.
Muchas opiniones y posturas se discuten acerca de cuándo y por qué se quiebra esta aparente estabilidad Pero sin entrar en esta discusión filosófica, hay algo en lo que hoy todos estamos de acuerdo: queremos que nuestro-; niños y jóvenes accedan a una mejor calidad de vida, queremos que paso a paso se forjen un lugar, respondan sus inquietudes, busquen sus verdades, que aprendan a usar la palabra como modo de comunicación y mediadora de los actos impulsivos. ¿Quién les enseña a los chicos a vivir mejor? ¿Quién les muestra que hay opciones? ¿Quiénes son sus referentes?
Se dice -a menudo- que la familia está en crisis y muchas veces no se encuentra capacitada para cumplir con ese rol básico inicial que desde siempre se le adjudicó. A partir de esta información, la sociedad se pregunta qué puede hacer la escuela, si recibe niños poco socializados, malcriados, agresivos, hiperquinéticos o abúlicos y, cuando su situación económica se los permite, furiosamente consumista.
Pareciera que estamos atrapados en un círculo vicioso, en el cual cada institución espera de la otra algo que no está en condiciones de darle y la energía se consume en acusaciones recíprocas y en desaliento. ¿Qué podemos hacer entonces? Según la opinión del licenciado Rolando Martina, "eliminada por autodestructiva la opinión de seguir enredados en ese juego. quedan los siguientes caminos: intentar una imposible vuelta atrás para recuperar valores perdidos, a través de la práctica de la inculcación verbal de consignas" (como "debemos ser solidarios", "no se debe discriminar", etc.) o propiciar en el ámbito escolar, programas de desarrollo ético basados, fundamentalmente, en el aprendizaje experiencial de aquellas actitudes básicas que son las que verdaderamente llevan a la gente a ser más bondadosa con el prójimo y que no tienen que ver con sermones sino con vivencias compartidas, con proyectos significativos, con el descubrimiento en la práctica, de que estar bien con uno mismo y con los otros es una buena forma de vivir.


¿QUE HACER DESDE LA ESCUELA?

La escuela, como institución, siempre se ha ocupado más, al menos explícitamente, de lo que Gardner llamó inteligencia verbal e inteligencia lógico-matemática, dando por sentado que otros aspectos de la construcción de la personalidad, como la inteligencia intrapersonal y la interpersonal, no eran tan relevantes o, si lo eran, estaban a cargo fundamentalmente de la familia y se adquirían de modo más o menos natural a lo largo de la socialización previa. Es evidente que este esquema universalmente aceptado hasta hace unos pocos años, hoy ya no sirve y que aun cuando cada familia cumple como puede con su papel socializador, la convivencia extrafamiliar, especialmente la escolar, crea un nuevo campo decisivo, un territorio inexplorado donde coexisten diferentes mundos y donde cada uno debe aprender a coexistir de la mejor manera. Esto no es fácil, especialmente en tiempos de permanentes entrecruzamientos de mensajes y modelos tan heterogéneos, provenientes de emisores tanto o más potentes que los padres y los maestros.
La tarea de la escuela es importante e imprescindible. Es el ámbito socializador donde los niños y jóvenes pasan gran parte de su tiempo y es, además, la que posibilita que las opciones para una mejor calidad de vida lleguen realmente a todos, asegurando de esta forma, la igualdad de oportunidades.
Una buena escuela es la que, además de brindar a sus alumnos la mejor calidad en la enseñanza de las disciplinas básicas, ofrece un programa de educación integral que favorezca el desarrollo de todo el potencial humano de su comunidad educativa.


SER HUMANO.

Ser humano es un programa de educación integral diseñado didácticamente para niños y adolescentes entre los 5 y 17 años. Su objetivo es favorecer el descubrimiento y la comprensión de los valores humanos universales. Es una opción diferente de enseñar y aprender. Brinda, de acuerdo con cada edad, el entorno adecuado para propiciar la construcción de la identidad, la aceptación y el cuidado de los otros y la elaboración de un camino de crecimiento propio que permita a los chicos acceder de manera sostenida a una mejor calidad de vida. Responsabilidad, comunicación, resolución de conflictos, toma de decisiones, salud y bienestar, convivencia y comprensión de uno mismo son los temas que se encaran desde este programa, para que, paulatinamente y a partir de su aplicación, los alumnos adquieran mayor confianza en sí mismos, mejoren la calidad de sus relaciones, aprendan a resolver conflictos sin violencia e incrementen significativamente su capacidad de aprendizaje de los contenidos curriculares. Al mismo tiempo, apunta a que los docentes convivan con sus alumnos en un clima social más armónico, disuelvan los conflictos que entorpecían la dinámica de los aprendizajes, reduzcan el nivel de estrés que generan los conflictos no resueltos y recuperen la satisfacción y el placer de enseñar.
El Programa Ser Humano se afirma en la confianza de que la escuela puede y debe transformar los contenidos teóricos en vivencias y prácticas cotidianas que demuestren a cada paso, en cada ejemplo y en cada conducta, que el cambio es posible y que cada uno es partícipe y protagonista de ese cambio.
El Programa Ser Humano ofrece los materiales necesarios para su implementación, es decir, el libro para el alumno, el libro para el coordinador y tres elementos innovadores, ausentes en los tradicionales proyectos editoriales destinados a la educación: la capacitación previa a los coordinadores, la asistencia permanente a cada institución y un foro de consultas y discusión permanente en Internet. Los contenidos seleccionados conforman una colección de diez libros, cuyos ejes temáticos corresponden a las etapas evolutivas de cada año escolar: descubrimiento, confianza, iniciativa, respeto, seguridad, tolerancia, responsabilidad, coraje, autonomía y compromiso.
La participación sistemática en el programa proporciona por sí misma, la posibilidad de cambio y de crecimiento personal, favoreciendo que los niños y jóvenes se apropien de habilidades que les permitan desenvolverse en forma cada vez más eficaz, responsable y comprometida.
Conocemos las dificultades a las que se enfrenta la escuela. Entendemos que ella no puede resolver por sí sola, los innumerables problemas que existen. Sabemos que los roles adicionales del adulto, joven, padre, niño, maestro, así como muchos otros en la sociedad, se encuentran en medio de un acelerado y confuso proceso de transformación. Sabemos también de los riesgos de incursionar en territorios casi inexplorados por la educación sistemática. Pero también estamos convencidos de que la escuela es aún un lugar privilegiado para que pasen en ella ciertas cosas que no pasan en otros lados y para crear condiciones que dificulten la ocurrencia de otras que unto alarman a la sociedad actual. Somos conscientes de que no es una meta simple que nuestros chicos sean seres humanos fuertes pero cariñosos, leales pero autónomos, eficaces pero soñadores, emprendedores pero autocríticos, cuidadosos pero valientes, tolerantes pero firmes, veraces pero respetuosos, capaces de vérselas con el ruido, pero también con el silencio; con la fiesta, pero también con la tristeza; con el intelecto, pero también con la emoción.
El Programa Ser Humano que ofrecemos se presenta al sistema educativo como la única verdad, el único camino. Creemos que es un comienzo y un aporte para la construcción de modelos cada vez más efectivos que nos acerquen a una mejor calidad de vida.
Somos conscientes de que detrás de cada alumno violento o agredido, aburrido o apático, sobreexigido, responsable o no comprometido, hay un ser humano que sufre y que se pierde de vivir plena y significativamente una porción muy importante de su vida. Por ello afirmamos que si a partir de su implementación más chicos comienzan por integrarse felizmente a sus instituciones educativas, nuestro objetivo estará cumplido.

Por Alejandra Mizrahi y María Julia Vernieri

 
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