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Al quedar absortos frente a una hoja en blanco que vamos poblando de colores, o en el momento en el que un pedazo de arcilla comienza a tomar forma, nos ponemos en contacto con sensaciones difíciles de verbalizar. En el proceso de creación de una obra (dibujo pintura, escultura), muchas veces incomprensible a ojos meramente racionales, se ponen en juego un cúmulo de elementos interiores que nos permiten reconocernos de un modo diferente, descubrir emociones y fortalecer la propia forma de ver el mundo. El proceso de creación implica una suma de decisiones que cobran valor en la medida en que haya un real compromiso con lo que se quiere representar.
Las artes plásticas y la escuela | Experiencias de Aula
"Las artes se descuidan porque se basan en la percepción y la percepción se desdeña porque según se supone, no incluye al pensamiento", afirma Rudolph Arnheim. En verdad, en cualquier disciplina artística se trabaja desarrollando los sentidos. Y son los sentidos los que nos permiten construir pensamientos y formar los conceptos del mundo que nos rodea. Una mayor experiencia perceptual agudiza nuestra sensibilidad y comprensión del entorno y de las pulsiones que brotan de nuestro ser. Estudios realizados sobre el funcionamiento del cerebro revelan que existen distintas formas de procesar en sus dos hemisferios. Según Betty Edwards, "mientras que el hemisferio izquierdo es verbal y analítico; el derecho es rápido, complejo, totalizador, espacial y productivo". Aparentemente, es este último el encargado de los procesos de captación sensorial. La importancia excesiva que se da a una formación exclusivamente basada en números y letras puede ser un factor de inhibición para el desarrollo de las aptitudes artísticas, puesto que d hemisferio izquierdo se torna dominante y dificulta de modo de captar del derecho. El "aprender a ver" del que se habla en las artes plásticas implica aflojar rígidas estructuras de elaborar conceptos para permitir que una forma más intuitiva y globalizadora de captar la realidad pueda aflorar.
ETAPAS DE DESARROLLO.
La actitud de los niños hacia el trabajo varía a lo largo de los años. En los primeros años de la escolaridad, la disposición y la entrega a la expresión plástica es, en general, intensa y espontánea. Expresarse a través de colores y formas es más directo y fácil que utilizando palabras. La chispa se enciende, el motor se activa y la fiesta cobra vida rápidamente. Aunque en esta etapa el tiempo de concentración no es muy prolongado, la conexión con el trabajo suele ser muy fuerte. Las obras pueden ser sorprendentes para el adulto por su belleza y fuerte carga expresiva, pero el proceso, en esta etapa, es mucho más importante para el niño que el trabajo terminado. Es un modo de procesar ideas, sentimientos y su visión del mundo. Las proporciones de las figuras representadas, así como la distribución espacial de elementos, responden al valor afectivo que tienen para el niño. A partir de los siete años, entre el segundo y el tercer grado del primer ciclo de la EGB, los dibujos de los niños comienzan a adquirir aspectos esquemáticos. En esta etapa, han creado conceptos internos del hombre y su ambiente. Es habitual ver la repetición de un mismo esquema para representar varias figuras humanas, mientras no les quieran adjudicar un especial significado. Estos modos de representación son muy valiosos, pues reflejan la construcción de su pensamiento. A partir de los 10 años de edad, los niños se tornan más críticos frente a sus producciones y empiezan a sentir la necesidad de que lo que representan sea fiel a la realidad. La preocupación por el parecido endurece la imagen y, en ocasiones, pueden llegar a bloquearse frente a la dificultad (esa frustración es la que muchos adultos experimentaron a cierta edad, razón por la cual se cerraron a la expresión plástica). En esta etapa, el maestro necesita generar estímulos diferentes para superar ese bloqueo.
LA ACTITUD DEL MAESTRO. "En las actividades artísticas es peor tener un mal maestro que no tener ninguno." Viktor Lowenfeld
La propia experiencia artística es sumamente enriquecedora a la hora de entender el proceso que el otro desarrolla, aún cuando los adultos tenemos una concepción y valoración diferente frente al hacer artístico. En la medida en que el maestro no disfrute y sienta lo que propone, va a tener obstáculos para generar entusiasmo. Muchas veces nos preocupamos tanto por la eficiencia y el control de todos los aspectos que dejamos de lado algo fundamental: para que el niño disfrute, el maestro también debe hacerlo, permitirse jugar y crear un diálogo de buen humor. En la hora de plástica, el proceso es tanto o más importante que el resultado. De nada sirve la obra para cumplir con una obligación. No habrá resultados profundos sin procesos interesantes. La confianza en el docente y su ayuda casi "imperceptible" en el momento de la acción contribuyen al desarrollo expresivo. Que el niño sepa que puede contar con él, pero también que puede resolver con libertad. El maestro debe pasar de ser el actor principal al último de los extras del reparto de acuerdo con el momento y la necesidad. Operador de "síes", el docente debe tender espacios abiertos de intercambio en los que los alumnos sepan que pueden proponer y concretar. Ser visible e invisible, y saber que la enseñanza es un camino de ida y vuelta en el que mucho se aprende.
EL PLAN DE ACCIÓN: LA ACTIVIDAD.
Las artes plásticas no se reducen al dibujo. Hay chicos que son hábiles dibujantes y se resisten al uso del color. Otros, grandes coloristas a los que les cuesta definir imágenes por líneas. Los de tendencias hápticas, pueden encontrar el mejor y más placentero camino en el modelado y en diversos tipos de trabajo tridimensional. Esto responde a formas de sentir y pensar. Como en un grupo conviven personalidades diferentes, el posibilitar experiencias en los diversos aspectos de la expresión plástica -en cada etapa de desarrollo- puede permitir a cada chico descubrir qué medio es para él más cercano y directo. La forma de encarar un trabajo también es decisiva para el desarrollo del niño. No es lo mismo un dibujo coloreado que una pintura, y esto ayuda a los niños a concebir la obra de diferentes formas. El atarse a una figura delineada con lápiz dificulta si se va a pintar con temperas. Frente a la necesidad de algunos niños de dibujar primero, se les puede proponer hacerlo suavemente con un pincel y agua coloreada para poder darle más libertad al posterior uso del pincel y aplicación del color.
"La técnica es la base del lirismo." (Le Corbusier.)
Es importante ser cuidadosos al escoger los materiales a utilizar, ya que pueden ser un elemento de frustración si no facilitan la expresión. Los caminos que van de lo grande a lo pequeño, de lo general a los detalles y de lo individual a lo grupal ayudan a graduar las actividades. Si bien los materiales pueden ser los mismos a lo largo de la escolaridad, el modo de proponer su uso debe ir variando. Inicialmente, conviene utilizar los materiales por separado para explorar posibilidades y permitir la expresión directa y espontánea perteneciente a esa etapa de desarrollo. Es bueno estimular a los niños para que descubran varias posibilidades en el uso de cada elemento. A partir del primer año del segundo ciclo de la EGB es interesante la aplicación de técnicas mixtas, así como proponer que frente a una motivación temática sean ellos los que elijan con qué materiales quieren desarrollarla. Los temas fantásticos y los que estimulan una actitud de investigación suelen ser valiosos para los niños. A los chicos de diez años en adelante, se les pueden realizar propuestas que promuevan la observación junto con el juego. Por ejemplo, dibujar a un compañero sin levantar el lápiz de la hoja o desarrollar una pintura que muestre cómo ve un insecto a un ser humano (cambio de perspectiva visual). Puede ser enriquecedor el uso del collage para explorar la composición y experimentar diversas soluciones espaciales. El modelado y las experiencias en tridimensión también resultan atractivos e interesantes. En esta etapa, generar proyectos guípales que los entusiasmen es fundamental. Éstos pueden ser elaborados junto con los maestros de grado o con otras materias artísticas. Algunos de ellos, como la creación de obras de títeres, teatro de sombras, máscaras para una representación, una revista de historietas, pintar murales, realizar grandes muñecos de cartapesta, les resultan muy atractivos. La utilización de recursos naturales y el estímulo a la búsqueda de materiales de deshecho para desarrollar sus proyectos enriquece las posibilidades creativas. En verdad, lo importante es que sean protagonistas cada vez más libres para llevar a cabo sus ideas. En algunas escuelas, se utilizan a las artes plásticas para ilustrar temas históricos o como elemento decorativo, secundario, de lo que se consideran los temas de estudio valiosos. Difícilmente la Casa de Tucumán o la imagen de San Martín sin un acercamiento vivencial al tema, sean una motivación fuerte para que el niño se exprese. Es bueno tener en cuenta cuáles son los temas que movilizan la sensibilidad del niño y realizar propuestas motivadoras que les despierten interés. La base de una actividad plena es una buena motivación. Los resultados no siempre son bellos, así como ocurre con nuestras emociones. Cuando nos enfrentamos al trabajo de un niño, debemos tener en cuenta que la apreciación del adulto incide en su confianza para crear. Un niño inseguro puede preferir hacer una guarda de flores decorativa “socialmente aceptable", antes que expresar un sentimiento que pueda ser rechazado por el adulto. Aquí es cuando la obra pierde valor profundo.
LAS PAUTAS CLARAS Y EL ARTE DE PREVER.
Sabemos también, que las clases de plástica no son sólo una gran fiesta. Si hubo mucho despliegue de materiales, le seguirá el tedioso trabajo del orden y la limpieza. Y si los roles no han sido previamente pautados, éste puede ser el momento del 'caos". Así, un interesante proceso puede enturbiarse con un final infeliz. Una buena y equitativa distribución de tareas permite más libertad de acción. La clara incorporación de pautas de trabajo en los primeros grados posibilita mayor independencia en el desarrollo de la actividad. Hay una serie dé cuestiones que debemos tener previstas antes de iniciar la clase: cómo se dispondrán los materiales; cuál será la mejor manera de organizar el momento de orden; si seleccionaremos -o no- ayudantes para las diferentes etapas de la tarea. Es recomendable destinar tiempos en las primeras clases del año para establecer algunos acuerdos de funcionamiento con los chicos. Todos respondemos mejor a aquellas pautas que hemos establecido en equipo.
LAS EXPOSICIONES. La exposición es un momento de encuentro y una etapa importante del ciclo de trabajo. Bien aprovechada, ayuda a fortalecer la confianza del niño en su expresión y es un interesante disparador para nuevas manifestaciones. Que los alumnos elijan qué quieren exponer, coloquen título a sus trabajos y participen del modo de presentación, completa y enriquece la tarea. Darle un carácter dinámico y serio a este evento suele ser muy valioso para los protagonistas. Enviar invitaciones especiales a los padres del grupo expositor, además de destinar una clase especialmente a que los niños guíen a chicos menores para apreciar los trabajos, otorga a esta actividad nuevas dimensiones. Es encantador asistir al entusiasmo de autores y espectadores frente a las obras expuestas.
A MODO DE CONCLUSIÓN. Frenar y pararnos frente a nosotros mismos. Ir encontrándonos con nuestros sentires y pensares. Reconocer nuestros cambios. Percibir nuestro latir. Muchas veces, la loca carrera en la que nos embarcamos, en este mundo lleno de exigencias intelectuales y operativas no nos permite darnos tiempo para esto. Los maestros de plástica contamos con el privilegio de asistir a un espectáculo maravilloso, el de ver a un grupo humano desplegando en una fiesta íntima, su mundo interior. Por Diana Diez
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