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"Cada forma tiene también un contenido interior." Vasili Kandinsky
La expresión plástica es mucho más que una representación de lo que vemos: es el reflejo de un conjunto de símbolos y asociaciones emocionales que establecemos internamente. Educar, en esta materia, es despertar en el niño lo que ya está, ampliar su campo perceptual, proporcionar un espacio adecuado para que manifieste sus emociones y su particular forma de ver el mundo. En las disciplinas artísticas pensamos con los sentidos. Las experiencias sensoriales enriquecen nuestro conocimiento del medio y, por ende, nuestro pensamiento. Una persona que confía en su capacidad expresiva y creativa se siente segura a la hora de decidir en otros aspectos de su vida.
Sentir que las propias iniciativas son valiosas ayuda a encontrar, con mayor seguridad, respuestas originales y/o personales frente a los desafíos que se le plantean.
PLANIFICANDO LA ACTIVIDAD
Crear implica también establecer un orden. Las clases de plástica suelen tener una apariencia diferente a las de otras disciplinas. Lo que muchas veces puede parecer un desorden, suele ser una situación de intensa producción. Una dinámica suelta ayuda en el proceso creativo. El maestro es el encargado de visualizar y contener esa dinámica más libre y, para ello, es preciso una minuciosa planificación. Cada grado demanda una actitud y una planificación diferente del maestro, no sólo por la etapa de desarrollo que atraviesan los niños, sino por las peculiares características que las individualidades presentan. Al conocerlos, es muy importante que prestemos atención a quiénes son esos niños, a qué lugar pertenecen, cuales son sus intereses particulares, cómo funcionan como grupo, cuáles son sus tiempos de trabajo, cuál es el mejor modo de llegar a ellos. Ser flexible, saber escuchar y tener una actitud abierta, de replanteo constante frente a la tarea, es fundamental para un maestro de arte (en verdad, para cualquier maestro). Proporcionar, en cada etapa de desarrollo, experiencias que apunten a los diferentes aspectos de la plástica (línea, color, collage, modelado, construcciones...) y motivaciones que permitan diferentes maneras de encarar el trabajo, nos permite atender a la variedad de temperamentos que se manifiestan en cada grupo. Al planificar las actividades, debemos prestar mucha atención al objetivo de cada propuesta. Nos compete crear condiciones para que los chicos conozcan las herramientas del lenguaje plástico y puedan usarlas con libertad. Aunque la clase se basé en el descubrir personal, es necesario presentarles gradualmente elementos técnicos concretos para que superen las dificultades que puedan ir apareciendo. El lenguaje plástico es sumamente rico. En futuras presentaciones, abordaremos algunas actividades que podemos realizar en relación a diversos aspectos de la plástica.
ACOTANDO ESPACIO Y TIEMPOS
Muchas veces resulta difícil acotarnos cuando estamos inmersos en una actividad placentera y viendo el disfrute general. Un buen plan de clase nos permite ordenar las necesidades específicas de la actividad que se va a desarrollar (distribución de espacio, tiempo y materiales). Tener en cuenta los momentos en que se puede dividir la clase -motivación, desarrollo de la actividad, orden y evaluación- y los tiempos aproximados que destinaremos a cada uno, contribuye al desarrollo de una dinámica fluida.
• Motivación:
Es el motor de la actividad. Debe ser rica, intensa, breve y acorde con los intereses de los niños; o sea, capaz de estimular los sentimientos, pensamientos y percepciones. No es recomendable partir de grandes abstracciones, sino proponer a los chicos experiencias directas que los involucren y con las que se identifiquen.
Para que este momento tenga una cuota de magia, y resulte estimulante y significativo, el maestro debe estar entusiasmado con la propuesta y crear un clima lúdico y placentero. Cuentan aquí sus propias artes y la comunicación que establece con el grupo. Acotar el tiempo destinado para la motivación es fundamental, ya que cuando el disparador opera, los chicos deben comenzar a trabajar. Si se extiende demasiado y resta tiempo a la acción, de una clase para otra se pierde su efecto. Los recursos pueden ser diversos: un cuento, una música, una propuesta temática, un juego de representaciones, diapositivas, un video, una charla, una salida, la visita a una exposición o simplemente la presentación de una nueva técnica. Es interesante contar en el aula con libros o láminas de obras de diferentes artistas y también elementos de la naturaleza, tales como caracoles marinos, piedras, plantas, etc. En el primer ciclo de la EGB, los chicos se motivan fácilmente frente a una propuesta plástica si el planteo tiene que ver con su mundo cercano y con la exploración de los materiales. A partir del primer año del segundo ciclo de la EGB, los niños prefieren aquellos temas que movilizan la fantasía, la investigación, lo absurdo y también las propuestas que los inducen a observar con más atención el medio que los rodea (aspectos físicos y relaciones sociales). Un período más complejo se inicia en el segundo nivel del segundo ciclo, a raíz de la actitud crítica que los chicos adoptan en relación a sus producciones. Ya no alcanza sólo con sugerir un tema. Es necesario ayudarlos con elementos concretos a superar trabas, es decir, desarrollar propuestas que los ayuden a observar, a comprender las formas que ven y a adquirir confianza en el propio modo de representar, intentando combinar trabajos de observación con experiencias más libres de imaginación (autorretratos, croquis de figura humana, paisajes, fotomontajes, juegos de exagerar y transformar, etc.). En el tercer año del segundo ciclo suelen aparecer inquietudes en relación a las representaciones tridimensionales en el dibujo y la pintura. Acercarlos a sencillas nociones de perspectiva puede significar un buen aporte y resultarles muy atractivo, pero debemos tener en cuenta que la evolución gráfica, así como la capacidad de comprender, son normalmente desparejas en un mismo grupo. Por esta razón, es importante que establezcamos un diagnóstico para elegir el modo y el momento adecuado de introducirlos en el tema.
• El desarrollo de la actividad:
Una vez planteada la motivación, es importante que los materiales estén al alcance de los niños para que rápidamente puedan abocarse a la acción. La música suele ser un acompañamiento ideal para este momento de la clase. Ayuda a la concentración y a crear un clima agradable. En estos tiempos, en las ciudades, los chicos están acostumbrados al permanente bullicio y a veces se angustian cuando el silencio es total. Es bueno que puedan dialogar, pero cuidando que esto no les impida concentrarse. En verdad, demasiada articulación verbal no nos permite adentrarnos en un lenguaje más sensorial. En esta etapa de la clase, el maestro puede acercarse un poco más a los chicos en forma individualizada. No hay que interferir cuando están concentrados, simplemente estar a disposición si lo requieren. Es posible establecer un contacto más estrecho con todos. Hay chicos que son muy tímidos y esperan este momento para contar algo personal o consultar por alguna inquietud. No olvidemos que ellos están manifestando nada menos que sus emociones.
• El orden:
¿Quién no ha sentido la frustración de tener que abandonar una tarea que le entusiasma? Este suele ser el momento más odioso de la clase., pero es necesario destinar un tiempo adecuado para que las cosas \iaelvan a su sitio. Es el momento apropiado para desarrollar una conciencia de cooperación y de cuidado de los materiales y del espacio de trabajo. La posibilidad de nombrar ayudantes rotativos permite que todos tomen conciencia de la necesidad de cooperación. Además, los diferentes materiales que se utilizan implican cuidados específicos que los chicos deben conocer para poder ser más libres en su uso y aprovechamiento. Un ámbito de respeto y colaboración, entre pares y con los adultos, también trasmite confianza para que se entreguen en una actividad expresiva. • La evaluación con los chicos:
El final de la clase puede ser el momento ideal para, periódicamente, reflexionar sobre lo realizado. Se pueden mostrar los trabajos y analizar el curso de la actividad; consultar sobre dificultades e intereses; y establecer nuevos proyectos o enriquecer los que se están realizando con los aportes de los chicos. Es un momento de devolución sumamente importante para visualizar los diferentes modos de expresión y el respeto conque debemos observar las obras de los demás. A mitad y a fin de año, es interesante realizar una evaluación (escrita u oral) para saber cómo se sienten en la clase, qué es lo que más y lo que menos les gusta, sus sugerencias de cambios, etc. Esto nos ayuda a analizar el curso de la actividad y a mejorar la comunicación con los chicos.
• El espacio y los materiales de trabajo:
Es ideal contar en la escuela con un espacio destinado a la actividad artística. Esto facilita la tarea y favorece el rápido ingreso del niño a una actitud diferente. Mesas para compartir y poder utilizar hojas de diferentes tamaños, espacio para secar los trabajos, una pileta accesible, lugar donde guardar las obras y los materiales son factores que contribuyen a una dinámica más independiente. Lamentablemente, esto no siempre sucede, y el maestro de plástica se ve obligado a trabajar en la misma aula en que se desarrollan el resto de las materias. En ese caso, es valioso intentar crear un clima especial de integración para la hora de arte, cambiando la disposición de mesas y asientos o utilizando, en caso de ser posible, el piso o las paredes como apoyo para desarrollar algunas actividades. También es interesante, algunas veces al año, buscar nuevos espacios -el patio o algún salón, por ejemplo- o realizar alguna salida que permita otra dinámica de trabajo. Con respecto a los materiales, es importante tener en claro el momento y la forma de proponer su uso. Lo importante es que respondan a las necesidades expresivas de los niños y que ellos puedan conocer y explorar diversas formas de aprovecharlos. La posibilidad de variar los soportes para el trabajo es enriquecedora. Usar hojas de diverso grosor, textura, color y tamaño (cartulinas, papel de escenografía, cartones, papeles de envolver, diarios, etc.); dibujar o pintar sobre telas, maderas, telgopor, metal, lija, vidrios, espejos, cuero o muro permiten experimentar sensaciones variadas. También es interesante cambiar de perspectiva y trabajar sobre tableros, contra la pared o sobre el piso para modificar la forma de encuentro con el trabajo. Es real que en la mayoría de las escuelas se cuenta con pocos materiales. En este caso, hay que apelar a la creatividad del maestro, pues es posible encontrar muchos recursos interesantes en la naturaleza y entre elementos que nuestra sociedad desecha. Cuando están entusiasmados con una propuesta, los chicos se convierten en grandes recolectores y descubridores de maravillosos materiales para desarrollar sus obras.
PARA FINALIZAR
En el jardín de infantes y en el preescolar, la forma de aprender es, básicamente, a través de las actividades lúdicas y la exploración de los sentidos. En la escuela primaria, las exigencias curriculares, con gran acento en los aprendizajes intelectuales, hacen que estas modalidades en gran medida se pierdan. Las disciplinas artísticas nos permiten rescatar el gran valor del mundo sensorial y del juego en el aprendizaje.
Por Diana Diez
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