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| Ética y Ciudadanía |
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Primeras Jornadas Internacionales de Ética "No matarás" Facultad de Filosofía, Historia y Letras - Universidad del SalvadorBuenos Aires, 17, 18 y 19 de mayo del 2000
Ricardo Etchegaray
El objetivo de este artículo es desarrollar una crítica de las tesis principales que Giovanni Sartori sostiene en su obra Homo videns,sobre todo, en lo que se refiere a las consecuencias para la ética y el ejercicio de la ciudadanía. En el libro, ensaya una interpretación de las transformaciones que está experimentando el hombre contemporáneopor efecto de la televisión. “La tesis de fondo –dice Sartori- es que el video está transformando al homo sapiens, producto de la culturaescrita, en un homo videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen”[1].
La televisión estaría operando un cambio en lanaturaleza del hombre al
empobrecer su aparato cognoscitivo y dejarlosin el instrumento
fundamental para el ejercicio de la libertad como es el
pensamiento argumentativo.
Un ciego está obstaculizado, en su pensar, por el hecho de que no puede leer y, por tanto, tiene un
menor soporte del saber escrito, pero no por el hecho de que no ve las cosas en las que piensa. A decir verdad, las cosas en las que
pensamos no las ve ni siquiera el que puede ver: no son «visibles»” Más aun, en la República, encontramos la famosa «alegoría del sol», donde Platón desarrolla una analogía entre el ver y el entender. Por otro lado, el uso mismo de las alegorías por parte de Platón muestra que son un recurso inestimable para el pensamiento. De la escritura, como condición de la civilización, Sartori se desplaza a la invención de la imprenta. Con ella, la cultura escrita se hace potencialmente extensible a todos. Más que la escritura, es la imprenta la que produce el salto tecnológico (Cf. 1998, 25). A la imprenta, le siguen el diario, el telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión, que genera una nueva ruptura. “La televisión - como su propio nombre lo indica- es «ver desde lejos» (tele), es decir, llevar ante los ojos de un público de espectadores cosas que puedan ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia. Y en la televisión, el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante, es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. Y, como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él, las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras”[4].
Del supuesto –no probado ni criticado- de que con la televisión todo se convierte en una función derivada y secundaria de la imagen,
Sartori infiere que tal instrumento no puede sino producir una mutación de la naturaleza del hombre. En otras palabras, si la naturaleza humana
se define por su capacidad simbólica escrita y reflexiva, el predominio de la imagen conlleva una subordinación de dicha capacidad al sólo
ver. Se generaría, con ello, un nuevo tipo humano: el homo videns. Si la esencia del hombre es el pensamiento, y éste requiere de la escritura,
entonces, el hombre producido por la televisión es un hombre alienado de su propia naturaleza. Éste es un “sordo [mejor dicho, un ciego] de
por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita” (1998, 39). Es un ser empobrecido, una naturaleza
atrofiada. No deja de ser humano, puesto que no pierde su capacidad
El argumento central contra la televisión es que empobrece la
capacidad de entender. “El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción”[6]. Las
palabras abstractas o conceptos son significados que no pueden ser reducidos, traducidos o trasladados a imágenes. Es la adquisición de
un lenguaje abstracto lo que distingue a los pueblos avanzados de los
Un segundo problema sería la incidencia del video-poder sobre
los métodos de elección y sobre los que son elegidos. Los sondeos de opinión que realiza la televisión falsean la realidad, porque orientan las
respuestas en el modo de hacer las preguntas forzando las respuestas. “La mayoría de las opiniones recogidas son frágiles e inconsistentes”
(1998, 74). Sobre la base de algunos ejemplos demostrativos de que los resultados de los sondeos varían considerablemente, Sartori
generaliza el carácter falaz de las encuestas. Este hecho, combinado generaliza el carácter falaz de las encuestas. Este hecho, combinado
con la sondeo-dependencia de los políticos, lleva a inferir que los medios de comunicación son un instrumento de poder sobre el pueblo.
Un tercer problema sería en qué medida la televisión ayuda u “Las cadenas televisivas han producido ciudadanos que no saben nada y que se interesan por trivialidades” (1998, 86). La televisión produce desinformación y distorsión: impone a todos datos estadísticos falsos (erróneamente interpretados).
Después de haber explicitado y resumido las tesis principales de
Sartori, comencemos el análisis crítico señalando que este autor parte de un concepto de «naturaleza humana» heredado de la tradición
ilustrada, según la cual aquella se identifica con la razón como fundamento de la autodeterminación y autonomía individuales y
sociales. Kant llama «razón práctica» a esta característica distintiva de El hombre se transformaría, así, en un ser incapaz de comprender los conceptos o los pensamientos abstractos e ingresaría en la era del post pensamiento desde el momento en que la televisión “destruye más saber y más entendimiento del que transmite” (1998, 12). Aun cuando concedamos que el pensamiento ilustrado ha señalado una característica esencial de la naturaleza humana, no podemos dejar de señalar las limitaciones de esta concepción que ignora la historicidad constitutiva del fenómeno humano. Sartori recurre, a lo largo del texto, al mismo procedimiento falaz: primero, produce un equívoco al identificar el significado de dos conceptos que no tienen igual extensión (símbolo/palabra, palabra/lenguaje escrito, televisión/prevalencia del ver); después, recurre a la generalización apresurada de las características del fenómeno al que se refiere el concepto específico al fenómeno general.
Además, las hipótesis generales derivadas (por ejemplo, que el ver
prevalece sobre hablar y que la voz está en función de la imagen) no han sido comprobadas ni se las ha sometido a la crítica.
han sido comprobadas ni se las ha sometido a la crítica. Si se probase la sustitución de un lenguaje por otro, indudablemente la conclusión de Sartori sería correcta, pero tal tesis no ha sido probada. Análogamente, si probásemos que las imágenes televisivas sustituyen la imaginación de la audiencia, tendríamos que concluir que la actividad poética y creativa sufre un empobrecimiento progresivo conforme crecen las audiencias.
El supuesto que sirve de fundamento para todo el libro de Sartori
es que, sin razonamiento discursivo, no hay libertad como autonomía y, sin esta no hay ciudadanía democrática. Sin embargo, en el mismo
Siglo de las Luces, Rousseau defendía la tesis, contraria a la de Sartori, de que las ciencias y las artes (y con ellas, el razonamiento discursivo y
la cultura en general) habían generado un debilitamiento de la libertad del hombre y un empobrecimiento de su ser autónomo.
La televisión no implica siempre ni necesariamente impedimento o anulación del razonamiento y el razonamiento no implica siempre ni
necesariamente el desarrollo de la libertad como autonomía individual o social. Estas conclusiones negativas distan mucho de una apología de
los medios de comunicación audiovisuales en general y de la televisión en particular. Es cierto que los medios son una amenaza potencial de la
libertad y la cultura democrática, pero no está probado que la expansión de la televisión implique una anulación de la capacidad de entender.
Pareciera que un peligro mayor para la libertad es la concentración de Esta amenaza que fuera percibida y denunciada por diversos teóricos, desde John Stuart Mill y Alexis de Tocqueville, a mediados del siglo XIX, pareciera tener mayor incidencia que la alienación del hombre a consecuencia del predominio de la imagen. Para cerrar esta presentación, quisiéramos recordar y rescatar el propósito polémico del libro de Sartori, que recupera la función crítica de la filosofía desde los comienzos de su historia. El distanciamiento crítico es una acción constitutiva del pensamiento filosófico, aunque no creo que deba restringirse o limitarse a la argumentación escrita o que no sea capaz de valerse productivamente de las imágenes y de lo visible, como ya Platón observaba lúcidamente.
[1]SARTORI, G.: Homo videns. La sociedad teledirigida, Madrid, Taurus, 1998, p. 11. |
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